El cácer me enseñó a vivir. El día de año viejo del año 1987 me encontré un bulto, supe que algo no iba bien, y a partir de ahí empezó mi lucha contra la enfermedad; de eso hace 20 años. Tenía una hija de año y medio, estaba prácticamente reciente casado, llevaba tres años cuando llegó la enfermedad, quería ver crecer a mi hija y quería vivir.
Se acabó aquello de hacer planes a largo plazo, aprendí a vivir día a día, y descubrí que lo debería haber hecho mucho antes. El tratamiento fue duro, pero la fuerza mental, las ganas de superar todo aquello, fueron determinantes, no dejé que todo ese proceso de enfermedad cambiase mi vida; seguí trabajando, seguí con el deporte en la medida que podía, en definitiva intenté que afectase lo menos posible a mi vida cotidiana.
Nunca me dejé llamar enfermo, tenía un problema, pero no me sentía como un enfermo. Han pasado veinte años de todo aquello, si escribo aquí es para que el que lo necesite sepa que hay una salida, y le sirva de estímulo, esto se supera.