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Ya he asumido que la enfermedad estará latente el resto de mi vida, y que requerirá de una vigilancia permanente, pero el resto del tiempo es mío
Por Jesús.
15/05/2010



-- Tiene usted metástasis de melanoma -- ; -- ¿Puede repetírmelo, por favor? -- fue mi apagada e incrédula respuesta. Repentinamente se incorporaron a la conversación términos como tumor, oncólogo, y cáncer cuyos dedos acusadores me apuntaban directamente a mí. Hasta ese momento me había creído capaz de asumir casi todo lo que la realidad me deparase, pero ahora me sentía desorientado y superado por los acontecimientos.

Antes de mi visita, el equipo medico ya había organizado las primeras pruebas y a la finalización de la turbulenta entrevista, los hilos de mi recuperación comenzaban a moverse, pero yo, en aquellos instantes una marioneta, no era consciente. Me dirigía a mi primer TAC.


Mientras esperaba sentado en aquella sala con rancio olor a hospital, sólo, aun estando rodeado de gente, y en aquella tormenta en la que mis pensamientos se encontraban, empecé a concienciarme de todo. De repente, en aquella oscuridad, aparecieron primero dos luceros, mi hijo y mi mujer, a continuación las estrellas de mis padres, posteriormente se materializaron las personas con las que comparto mis experiencias vitales, luego resurgió, con mas fuerza si cabe, un aplomo que inicialmente había sucumbido al impacto de la noticia, de inmediato recordé recios cimientos como la educación hasta la fecha adquirida (mente) y la forma física tantos años gratamente trabajada (cuerpo), y comprendí que los pilares de mi vida surgían para apoyarme en ellos y afrontar el lance que con crudeza se presentaba. En ellos había fundamentando mi vida y a ellos, como siempre hasta la fecha, me encomendaría para afrontar este envite. Y cuando se pronuncio mi nombre para comenzar el TAC, y aun sin poder atisbar el recorrido de esta travesía vital, me levante con decisión, pues ahora ya intuía claramente que me encontraba en el firme sendero de la recuperación.


Mi nombre es Jesús y, tal como he descrito, así comenzó mi relación con el cáncer de piel, que concretamente se me ha desarrollado en la base del cuello. Desde entonces y hasta llegar a redactar estas líneas, un largo y tedioso camino he recorrido. TACs, PETs, cirugía, recuperación, más PETs, entrevistas casi semanales con los oncólogos que tratan mi caso, radioterapia e inmunoterapia (En la que actualmente estoy inmerso) y aun sin perder la perspectiva de que otras pruebas y dictámenes pueden acontecer.


Durante todo este tiempo y desde aquel ya lejano y tambaleante inicio, dos ideas me han obsesionado y he intentado no apartarme de su sendero aun cuando las circunstancias hacían difícil su seguimiento. Primera, la de estar completamente informado para ubicarme firmemente en el contexto de la enfermedad y afrontar con conocimiento de causa los vaivenes de la misma, y segunda, la que he decidido nombrar como “normalidad” en los aspectos de mi vida. 


A través de la antedicha “normalidad”, decididamente, me he propuesto evitar que la enfermedad me arrebate parte de la vida que había construido a mi gusto y manera, intento desactivar la compasión propia y ajena por el desarrollo de la enfermedad actuando tal y como era (y soy) antes del diagnóstico , con la cotidianeidad pretendo que la enfermedad no trastoque mi día a día ni el de mis allegados más de lo necesario, que no monopolice e interfiera en las conversaciones que mantenga, y por fin, que el estado de optimismo en el que me encuentro refuerce mi voluntad para recuperarme y se extienda como una pandemia hasta contagiar profundamente a los míos.



Y como arma decisiva en los anteriores propósitos, de la cual he realizado un grato uso desde los albores de mis 35 años, y más aun en estos frenéticos momentos que estoy viviendo, me entrega solícitamente el grado de fortaleza, entretenimiento y salud mental (El “mens sana in corpore sano” del poeta romano Juvenal) que necesito. Y aunque obligatoriamente durante la cirugía he tenido que omitir sus beneficios, o que durante las terapias posteriores he debido reducir la intensidad de su práctica, o disfrutar de variantes deportivas más relajadas que antes no había contemplado, pretendo seguir beneficiándome de los provechosos réditos de la inversión en deporte que realizo. Pues con el baloncesto y el padel voy a mejorar la fibrosis que cirugía y radioterapia me ha provocado, pues con la carrera continua voy a mantener una forma física que evite que el cansancio se cebe en mi cuerpo y mente y pueda sucumbir a la triste apatía, porque con el fútbol sala puedo compartir nuevos momentos de alegría, unión, risas y amistad con aquellos con los que hasta la fecha, felizmente, me han acompañado en su práctica, y porque con todas y cada una de las prácticas deportivas que realizo puedo evadirme de los avatares de la realidad y concentrarme solo en exprimir gratas sensaciones a la vida.


Ya he asumido que la enfermedad estará latente el resto de mi vida, y que requerirá de una vigilancia permanente, de unas pruebas periódicas y de un comportamiento por mi parte consecuente, pero el resto del tiempo es mío, propio, soy su absoluto dueño y lo emplearé tal como lo hacía cuando la enfermedad no había aparecido, tal como lo estoy haciendo en el proceso de recuperación y tal como pretendo hacerlo cuando las aguas de esta cura se hayan calmado y siga teniendo, tal como tenía antes de las palabras “Tiene usted cáncer”, un tiempo vital que disfrutar.

A Ana e Izan

 
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